Viajes a Ushuaia para el encuentro unico del final de la cordillera de los Andes y la costa maritima del Canal Beagle
Viajar a Ushuaia es encontrarse con paisajes cautivantes y verdaderamente sentir que se encuentra en la parte mas Austral del mundo. Desde cultura e historia hasta conectarse con las maravillas naturales que le ofrece esta hermosa ciudad del sur Argentino…
Ushuaia – desde 3 Noches
Incluye alojamiento, traslados y excursiones. La Ciudad más austral del mundo y todos sus atractivos. |
Ushuaia + Tren
Un paseo en tren por las vías que recorrieron los presos. |
Ushuaia + Canal de Beagle
Vea a Ushuaia desde otra perspectiva navegando por el Canal Beagle, se conoce la fauna austral y el mítico faro Les Éclaireurs. |
Ushuaia + Lago Escondido y lago Fagnano
Turismo aventura de principio a fin. Una travesía off road única. |
Viajes a Ushuaia | Por Jose Luis Betancourt
Cuando contaba con unos 8 o 9 años conocí las obras de Jules Verne, llenas de aventura y fantasías de largos viajes alrededor del mundo. Poco me imaginaba que pasarían 30 años hasta que pudiera conocer los lugares que inspiraron su novela “El faro del fin del mundo”, consideradas por muchos una de las mejores escritas en el ocaso de su vida.
Durante varios años tuve la oportunidad de compartir viajes en familia y conocer gran parte del territorio argentino y de los países limítrofes, pero solo hubo uno en el que llegué a sentir que es “mi lugar en el mundo”: La ciudad de Ushuaia, ubicada en el extremo austral de la Isla Grande de la Tierra del Fuego.
Tal vez en el conocimiento de viajeros experimentados esta ciudad, su entorno, su clima, su ritmo no sean tan complejos y ricos como otros destinos turísticos soñados. Y es eso justamente lo que la hace especial para mí. Esa ausencia de espíritu agitado de las grandes urbes, ese cielo limpio, azul, diáfano por momentos y caprichosamente cubierto de nubes de un momento a otro, ese mar calmo al amanecer y embravecido al mediodía, acariciando o golpeando las costas irregulares de la Isla Grande y de otras más pequeñas que marcan el fin del continente americano y la confluencia de los océanos Pacífico y Atlántico, son parte del encantamiento que me produjeron aquellos días de un enero en que los disfrute.
El periplo que finalmente me llevó a Ushuaia inició en Buenos Aires a bordo de una camioneta Peugeot Boxer con 12 pasajeros y cargada con todo lo que se le pueda uno a ocurrir que va a necesitar en un viaje de miles de kilómetros y varias semanas de duración. Pero voy a ahorrarles todo el relato y comentarles directamente la etapa final del trayecto de ida: Isla Grande del Tierra del Fuego y el arribo a Ushuaia, la ciudad más austral del mundo.
Llegar vía terrestre a la ciudad desde el norte permite apreciar la topografía de la región. Vemos numerosos bosquecillos al costado del camino trazado en las laderas de montañas no muy altas, e inclusive un túnel de hormigón que atraviesa un paso y cumple la función de dejar una vía abierta en caso de que una avalancha de nieve caiga sobre la ruta. Unos pocos kilómetros antes de llegar al centro de la ciudad se pueden ver barrios de viviendas con arquitectura preparada para los largos meses invernales. Techos a dos aguas, chimeneas, madera y lajas en los senderos son una constante del paisaje que se extiende por interminables subidas y bajadas hasta llegar a la bahía que bordea el centro.
Estando en las primeras semana del año uno se encuentra con numerosos turistas de toda lengua y región, con los que compartimos el placer de explorar lo desconocido. Lo primero que uno desea luego de viaje tan largo es un desayuno caliente y sabroso. No faltan las opciones tradicionales en restaurantes o bares donde uno puede disfrutar junto a su taza de café o chocolate de facturas y medialunas con un sabor único dado por la calidad del agua de la zona. Asimismo si desea comprar provisiones encontrará supermercados bien provistos como en cualquier ciudad mediana.
Recorrer caminando las calles de la ciudad permite disfrutar de la belleza de los tulipanes y otras flores que solo crecen fuertes en un clima frío como el de la Isla y que pueblan numerosos jardines particulares y de edificios públicos. En el centro la arquitectura estilo montañés se mezcla con edificios de corte moderno con mucho hormigón que le dan un aire a modernidad. Una curiosidad que notamos es que en algunos cruces de calles, cuando los dos son empinadas, hay colocados unos grandes espejos cóncavos que permiten ver reflejados el tránsito de ambas calles y evitar accidentes.
Llama nuestra atención también la duración de la luz natural en estas latitudes. El sol aún está alto en el firmamento cuando son las 8 de la noche y parece no ocultarse nunca. Aunque el ocaso ocurre cercano a las 22:30 horas, persiste una claridad en el horizonte hasta que llega el amanecer muy pronto cercano a las 4:30 de la madrugada. Esto no es un detalle menor. Uno se entusiasma con andar mientras haya luz y sin darse cuenta extiende las jornadas más allá de lo normal, acumulando cansancio al cabo de algunos días.
Pero si uno descansa bien puede aprovechar su energía para recorrer los muchos y bellos parajes que hay a pocos kilómetros del centro, participar en la gran cantidad de actividades que permiten los lagos, ríos y montañas de la región. De ellas considero imprescindible el conocer el Parque Nacional Tierra del Fuego, el Rio Pipo, el Centro de Deportes Invernales, el ventisquero o Glaciar Albino, el Lago Fargnano y alejándose un centenar de kilómetros disfrutar del camino hasta pintoresco pueblo de Tolhuin donde se pueden probar una de las medias lunas más ricas del país o visitar alguna estancia con oferta de asado y dia de campo para turistas.
También puede encontrar una amplia oferta si gusta del llamado “deporte aventura” y realizar Travesía en cuatriciclos, kayak o canoa. Hacer trecking sobre hielo de glaciares, realizar buceo, emprender cabalgatas, disfrutar de pesca deportiva y toda actividad al aire libre que el clima permita. Si esto fuera poco también puede realizar un paseo aéreo en helicóptero o avioneta.
Para completar esta lista de posibilidades, y con el deseo siempre latente de volver, no puedo dejar de mencionar el hacer un recorrido en el Tren del fin del mundo, la ya cerrada Penintenciaria y con el libro de Verne bajo el brazo acercarme en la Isla de los Estados al Faro del fin del mundo, “mi lugar en el mundo”
Gracias al aporte de Jose Luis Betancourt. Visita su Blog Microfono Abierto y segui todos sus artículos.
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